miércoles 22 de julio de 2009

Armstrong se muerde la lengua

Salvo recuperación milagrosa y debacle de sus predecesores, Lance Armstrong, el ciclista de Austin, Texas, no se llevará a casa su octavo Tour de Francia. El texano intentó el más difícil todavía y volvió a los 37 años para recuperar el primer plano de la actualidad y romper su propio récord. En este caso, lo de revivir las glorias pasadas se convirtió en misión imposible.

Quizás LA cometió un enorme error de cálculo al decidir correr en el Astana, el equipo del teórico favorito de la carrera, Alberto Contador. El Tour comenzó con el madrileño como líder, y a la primeras de cambio nos encontramos con que el equipo tenía otro capitán; Contador decidió esperar su oportunidad y poner las cosas en su sitio.

El problema de Armstrong es que va a quedar como un mal perdedor. Tras volver a perder tiempo ante su rival y caer hasta el cuarto puesto tras el propio Contador y Andy y Frank Schleck no ha tenido otra ocurrencia que criticar veladamente el ataque del maillot amarillo. ¿Quizás debería Contador haber ayudado a un compañero en dificultades y sacrificar sus propias aspiraciones a la victoria final? No busquen en ningún manual de ciclismo, la táctica del líder es de libro: se trata de sacar cuanto más tiempo posible. Armstrong, simplemente, debería callarse y demostrar que los campeones también saben perder.

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