Domingo Schievenini
Hace unas semanas pudimos ver a la esposa de un directivo del club Pachuca gritando insultos mientras tocaba la puerta del vestidor de un árbitro tras un partido en el que el Pachuca se vio claramente afectado. Semanas después, un directivo del Club Puebla bajó de su palco en aparente estado inconveniente y de igual forma gritó, insultó y trató de derribar la puerta del vestidor del árbitro. Otra más: después de un partido de los Estudiantes de la UAG, el equipo entero reclamó airadamente al árbitro antes de que éste bajara al vestidor. Uno de los jugadores de los Estudiantes es hijo del dueño del equipo y sus guardaespaldas suelen cuidarlo desde los costados de la cancha. Uno de esos guardaespaldas se acercó a su protegido mientras reclamaba al árbitro. Cuando el árbitro se distrajo el guardaespaldas le dio una patada en la pantorrilla. En fin, podríamos seguir con una larga lista de anécdotas de esta índole.
La Federación Mexicana de Fútbol ha impuesto algunas multas pero en realidad a nadie le importan. El descontento parece centrase en que esta Federación favorece a todas luces a su club protegido: el club America, y a todos sus amiguitos. El dueño de este club es la televisora “Televisa” la cual es un poder fáctico irrefutable en el fútbol mexicano. Justo ayer, en un partido entre el America y los Estudiantes, el árbitro en ese encuentro: un total desconocido de nombre Fabricio, tuvo una de las actuaciones más espantosas que se han visto en muchos años. Marcó penaltis inexistentes, avaló goles en fuera de lugar, expulsó jugadores injustamente, todo lo anterior a favor del America. Incluso recibió una explicita “mentada de madre” en su cara por parte de Mosqueda, jugador del America, y el árbitro simuló no percatarse. El fútbol mexicano se ha convertido en una verdulería de mercado, y no en una verdulería común y corriente, sino en una de esas sucias, apestosas y con ratas gordas escondidas en cada rincón. Es probable que la FIFA intervenga pronto. Ojala y así sea.
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