Domingo Schievenini
La selección mexicana de fútbol ha logrado su pase a la Copa del Mundo que se celebrará en Sudáfrica durante el verano del próximo año. Los medios de comunicación en México están muy entusiasmados y festejan como si una nave espacial dirigida por astronautas mexicanos hubiera aterrizado en la superficie de Saturno.
La clasificación de México al Mundial generará ingresos multimillonarios a las televisoras en México, esto es realmente su principal preocupación, y su principal razón de festejo. Sin embargo, en lo deportivo las cosas dejan mucho que desear. No se puede festejar una clasificación, obligatoria en su origen, que se logró a duras penas y mostrando un fútbol mediocre a todas luces antes los equipos más débiles del mundo. La CONCACAF, no nos engañemos, es la confederación que ofrece las mayores ventajas para calificar al Mundial.
La selección mexicana se encuentra favorecida por su zona geográfica y aún así estuvo a un pelo de quedar fuera de la Copa del Mundo. Los dirigentes de la federación mexicana tuvieron que solicitar la intervención de última hora de Javier Aguirre (una de las pocas personas responsables dentro del fútbol mexicano) para que tomara el timón y salvara al deporte mexicano de uno de los fracasos más estrepitosos de los últimos tiempos.
La victoria de 4 a 1 sobre El Salvador ante un lleno total en el Estadio Azteca era imperativa. No hay mucho de que festejar. Falta un año para el Mundial y con el fútbol que se está mostrando no se calificará a la segunda ronda, salvo que en el grupo eliminatorio México juegue en contra de Honduras, Togo y Nueva Zelanda. Lo cual es poco probable.
El fútbol mexicano, como se ha dicho en columnas anteriores dentro de este espacio, se ha convertido en una mugrosa verdulería que requiere una reforma estructural. México tiene el potencial de ser una de las mejores selecciones del planeta tierra. Puede aspirar a grandes cosas; no a conformarse con una mediocre clasificación a la Copa del Mundo.
1 comentarios: