D.Vega
La noticia de los problemas conyugales - y de todas las ramificaciones del caso - del golfista - que no golfo - Tiger Woods ocupan portadas y muchos minutos en los principales programas informativos de Estados Unidos. Parece que el país no tiene suficientes problemas y que necesitamos estar al tanto, como si fuese una cuestión de estado, de las andanzas de un deportista, por muy de élite que sea.
Ya se habla de la cifra que tendría que desembolsar a su todavía esposa. Nada menos que 300 millones de dólares y por mucho que la moneda estadounidense esté por los suelos 300 millones son 300 millones. A Michael Jordan, su divorcio le salió por la mitad de precio y desde entonces sólo quiere novias; nadie puede culparle.
Lo de Tiger Woods nos recuerda otros casos similares y nos hace cuestionarnos hasta qué punto puede interesar al público la vida de un deportista profesional. ¿Acaso los deportistas están a la par con los actores y cantantes en cuanto al interés del público ávido de cotilleos y chismes? Tendremos espectáculo mientras los medios de comunicación calculen que pueden sacar rentabilidad a la historia y eso será hasta que todos dejemos de hablar de ella. Aquí, ésta habrá sido la primera y última vez. Suerte, tigre.
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