En el número del 12 de octubre - desde luego no podían haber elegido una fecha mejor - de Sports Illustrated Grant Wahl firma un artículo bajo el título "Political Fútbol" en el que ataca, y de qué manera, al fútbol de Centroamérica; quizás no sólo al fútbol... Vayamos por partes.
Con la disculpa del reciente encuentro de entre Honduras y Estados Unidos, el Sr. Wahl empieza a tirar con bala: "Pero la clasificación para la Copa del Mundo en Centro América raramente trata de fútbol. Honduras, después de todo, fue el escenario de la infame Guerra del Fútbol..."
Cualquier análisis histórico, a pesar del nombre que se le puso a la guerra entre Honduras y El Salvador - también se le llamó la Guerra de las 100 horas -, mostraría que, como en otros muchos casos, el fútbol no fue más que la excusa para que se desencadenase el conflicto. Cuando se quiere ir a la guerra se va, sin más. Los ejemplos sobran, en todas partes...
Luego sigue con el modo en que se trata a los jugadores de la selección estadounidense: "Los jugadores de EE. UU. se enfrentan a un tratamiento hostil que va más allá de lo que tienen que sufrir, digamos, los equipos visitantes de los grupos europeos de clasificación de la Copa del Mundo...". Como ejemplo de ese "tratamiento hostil", el autor habla de que una vez - año 2001- en Costa Rica los aficionados locales pusieron la música a todo volumen en la calle a las 2 de la madrugada; también habla de las alarmas contra incendios y las llamadas a las habitaciones de los jugadores en México como "procedimientos operativos estándares".
Finalmente, y como resultado de todo lo anterior, acaba justificando los resultados que Estados Unidos obtiene cuando juega de visitante en la CONCACAF por ese "tratamiento". De la lectura del artículo se deduce que los conocimientos futbolísticos del autor son bastante pobres, tanto o más que sus argumentos y anécdotas. Lo que nos cuenta supongo que es para ponernos los pelos de punta y para decirnos que cosas así sólo pasan en Centroamérica cuando juega Estados Unidos...
Seguramente, el día que en las gradas de un estadios de EE. UU. en el que juegue su selección se viva el mismo ambiente que el de una cancha argentina, italiana, alemana o española el fútbol-soccer habrá dejado de ser la hermanita pobre de los deportes en Estados Unidos.
Con la disculpa del reciente encuentro de entre Honduras y Estados Unidos, el Sr. Wahl empieza a tirar con bala: "Pero la clasificación para la Copa del Mundo en Centro América raramente trata de fútbol. Honduras, después de todo, fue el escenario de la infame Guerra del Fútbol..."
Cualquier análisis histórico, a pesar del nombre que se le puso a la guerra entre Honduras y El Salvador - también se le llamó la Guerra de las 100 horas -, mostraría que, como en otros muchos casos, el fútbol no fue más que la excusa para que se desencadenase el conflicto. Cuando se quiere ir a la guerra se va, sin más. Los ejemplos sobran, en todas partes...
Luego sigue con el modo en que se trata a los jugadores de la selección estadounidense: "Los jugadores de EE. UU. se enfrentan a un tratamiento hostil que va más allá de lo que tienen que sufrir, digamos, los equipos visitantes de los grupos europeos de clasificación de la Copa del Mundo...". Como ejemplo de ese "tratamiento hostil", el autor habla de que una vez - año 2001- en Costa Rica los aficionados locales pusieron la música a todo volumen en la calle a las 2 de la madrugada; también habla de las alarmas contra incendios y las llamadas a las habitaciones de los jugadores en México como "procedimientos operativos estándares".
Finalmente, y como resultado de todo lo anterior, acaba justificando los resultados que Estados Unidos obtiene cuando juega de visitante en la CONCACAF por ese "tratamiento". De la lectura del artículo se deduce que los conocimientos futbolísticos del autor son bastante pobres, tanto o más que sus argumentos y anécdotas. Lo que nos cuenta supongo que es para ponernos los pelos de punta y para decirnos que cosas así sólo pasan en Centroamérica cuando juega Estados Unidos...
Seguramente, el día que en las gradas de un estadios de EE. UU. en el que juegue su selección se viva el mismo ambiente que el de una cancha argentina, italiana, alemana o española el fútbol-soccer habrá dejado de ser la hermanita pobre de los deportes en Estados Unidos.