Uno puede llegar a pensar que la imagen del campeonísimo disculpándose ante el planeta entero es digna de encomio -para eso uno tiene que creerse la sinceridad de la disculpa-. Lo que nadie debería entender es el porqué alguien tiene que dar una rueda de prensa para entonar el mea culpa y pedir perdón a toda una sociedad por lo que sólo debería importar a su familia. A menos, claro, que
Tiger Woods estuviese, en realidad, disculpándose ante sus patrocinadores, los que ponen la plata sobre la mesa.
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