Image by Getty Images via @daylifeCon las semifinales de la Champions League a la vuelta de la esquina, la derrota del Barcelona en la final de la Copa del Rey y el empate en la liga en la memoria, y la exhibición de los suplentes del Madrid ante el Valencia Pep Guardiola pasa al ataque. Mitad para cubrirse las espaldas por alguna posible derrota, mitad para para desviar la atención de su equipo y, quizás, para conseguir alguna ventaja a través de un arbitraje favorable.
Guardiola aludió el lunes a la correcta decisión del juez de línea de la Copa del Rey en la que señaló un fuera de juego de Pedro que seguidamente batió a Casillas ("el gol", lógicamente, no subió al marcador). Según Guardiola, por culpa del acierto del juez de línea el Barcelona no ganó el título. Como bien dice el manazas de Sergio Ramos: "Incluso el otro día se criticaba una decisión correcta que había tenido en la final, que es lo último".
Guardiola no se quedó allí: dando por sentado que el árbitro del primer partido sería portugués (finalmente es alemán, quizás por la presión del barcelonista) Guardiola dijo: "Mourinho debe estar felicísimo".
Don Pep también le echa la culpa al pasto: "Nos ejercitaremos en el Bernabéu para adaptarnos al césped alto". Vamos, que el Madrid, propietario hasta donde sabemos del Santiago Bernabéu, le tendría que poner el césped al Barcelona a su gusto.
Guardiola ha dejado de lado su supuesta clase fuera del campo -habría mucho que hablar de otras declaraciones- para ensuciarse en el lodo de la polémica. Hasta Cruyff le ha mandado un recadito a Guardiola para que se dedique a lo suyo.
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